El filósofo alemán Peter Sloterdijk escribe en el primer volumen de Esferas (Ed. Siruela. Madrid, 2014): “El fundamento misterioso de la irresistibilidad de las sirenas está en (sic) que jamás interpretan su propio repertorio sino la música del pasante… (sic.).

Por ello el canto sirénico (sic) resuena como si se llevara a cabo a través de él la conmoción más propia e íntima del sujeto, que entonces se decide a expresarse. Las sirenas son videntes melódicas”. Interesante teoría según la cual las sirenas tienen la capacidad de interpretar lo que queremos decir y hacérnoslo escuchar a través de su canto que, por eso mismo, tiene el poder de provocar nuestras pasiones y conmovernos profundamente. Esto logra sin lugar a dudas La sirena de Cano/Bonelli. Antes de comenzar la función, en El extranjero, sorprende al espectador la propuesta de brindar consentimiento para pasar a formar parte de un grupo que se identifica como “mujeres” o de otro grupo, que se identifica como “varones”. Formar parte del paratexto de una obra teatral no deja de ser una provocación interesante, porque nos sumerge de lleno en la puesta, inesperadamente y sin demasiadas explicaciones. Así es la entrada de La sirena: a partir de allí no podrá haber medias tintas, se estará del lado de los hombres o del lado de las mujeres: el espacio se ha convertido en un lugar de confidencias y de historias que no todos esperaban escuchar…

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